Una pequeña inundación
Se había quedado sin gasolina. Le había tomado por sorpresa, en medio de una interminable recta. Había una falla en la motocicleta. «Menuda forma de descubrirlo» pensó. Sintió una leve oleada de alivio, detenido ahora junto al remolque que le servía de casa a aquella familia, después de empujar la moto durante un par de horas a través del desierto. Vio la silueta de la mujer recortada con la roja luz del sol poniente. Por la forma en que caminaba, llevando el peso del recipiente en el hombro, supo que había conseguido combustible. Mientras la mujer se acercaba, caminó un poco hacia el borde de la hondonada detrás del remolque y el hallazgo le hizo frenar en seco. El metal oxidado de los botes brillaba en el aire silencioso de la tarde. Al menos seis barcos pesqueros y un par de lanchas. Miró a su alrededor intentando conciliar la idea de que el enorme desierto alguna vez había estado cubierto por agua; la tierra sobre la que estaba parado meciéndose lentamente por el oleaje. Pensó de nuevo en la mujer que le esperaba en casa, al otro extremo de este largo viaje y supo, de repente, que su paisaje interior también había cambiado. Que el árido suelo de su corazón quizás se había llenado de agua en su ausencia. Y que las cosas que antes no habían sido posible, de repente lo eran. Cerró los ojos justo en el momento en que oyó los pasos de la mujer detenerse detrás suyo y poner la gasolina en el suelo.

Una pequeña inundación

Se había quedado sin gasolina. Le había tomado por sorpresa, en medio de una interminable recta. Había una falla en la motocicleta. «Menuda forma de descubrirlo» pensó. Sintió una leve oleada de alivio, detenido ahora junto al remolque que le servía de casa a aquella familia, después de empujar la moto durante un par de horas a través del desierto. Vio la silueta de la mujer recortada con la roja luz del sol poniente. Por la forma en que caminaba, llevando el peso del recipiente en el hombro, supo que había conseguido combustible. Mientras la mujer se acercaba, caminó un poco hacia el borde de la hondonada detrás del remolque y el hallazgo le hizo frenar en seco. El metal oxidado de los botes brillaba en el aire silencioso de la tarde. Al menos seis barcos pesqueros y un par de lanchas. Miró a su alrededor intentando conciliar la idea de que el enorme desierto alguna vez había estado cubierto por agua; la tierra sobre la que estaba parado meciéndose lentamente por el oleaje. Pensó de nuevo en la mujer que le esperaba en casa, al otro extremo de este largo viaje y supo, de repente, que su paisaje interior también había cambiado. Que el árido suelo de su corazón quizás se había llenado de agua en su ausencia. Y que las cosas que antes no habían sido posible, de repente lo eran. Cerró los ojos justo en el momento en que oyó los pasos de la mujer detenerse detrás suyo y poner la gasolina en el suelo.

If you ride like lightning, you’re going to crash like thunder.

Time is a great thickener of things

Lincoln (2013)

Is it our duty to die for governments and for gods?
Is it our priviledge to slave for market and industry? 
Is it our right to follow laws set to scare and to oppress?
Is it our gift to stay in line and will it take away the blame?

You are alone
and living in the desert
finding time to accept
I’m sorry
I’m a fucking monster

Parties depress me (I feel demeaned) while I don’t usually feel depressed, corrupted, or demeaned if I go to a bad movie or play. As long as I am a spectator, a voyeur (however much response I may have inside) I haven’t essentially violated or demeaned myself. I draw the line between participation and voyeurism. The only parties I go to where I feel clear (and usually not depressed) are those in which I behave like a spectator—the party becomes a movie—and I discuss it with the person I came with or the one person I already know who is there; and regard meeting new people as an intrusion on my essential activity. Or else I use the party as décor, backdrop to be in a different way privately with the person I came with.

Susan Sontag, Journal 2/17/70